En el puerto de San Antonio el gate control es la primera etapa por la que debe pasar un contenedor antes de ingresar al terminal y posteriormente embarcar a su destino. Dicho proceso tiene por objetivo verificar la documentación y los respectivos sellos que pueden variar dependiendo del origen de la carga.

“El contenedor siempre tiene que estar en buenas condiciones para ser embarcado. En el gate control lo revisamos por afuera y vemos que todo esté en regla, que no tenga daños, que sus sellos sean los correspondientes a cada compañía”, explicó la sanantonina Priscilla Godoy (35), quien lleva cinco años desempeñándose en esta especialidad en Muellaje del Maipo.

En ese sentido, Godoy agregó que el tiempo que demore en ingresar un contenedor al terminal “depende de factores como la disponibilidad de espacio para posicionarlo, el tipo de documentos que tenga, el país o el cliente. También depende de la persona que esté realizando el ingreso en el turno”.

La trabajadora resaltó que es clave en la cadena logística registrar correctamente las características, números y sellos con el fin de asegurar una buena entrega. “El sello es como la cédula de identidad del contenedor. El registro lo hacemos con el apoyo de tecnología, es en ese momento donde tenemos que estar atentos con lo que se digita. No podemos cometer un error. Una vez con el ok, el radar ve el espacio para posicionarlo en el terminal”, comentó.

Algo en lo que enfatizó Godoy fue en las reglas que se deben cumplir a la hora de desempeñar esta labor. “En esta etapa no vemos lo que el contenedor trae en su interior, solo verificamos su estado por fuera, documentos o línea naviera. Generalmente somos seis personas realizando el ingreso por turno, uno en cada pista”, dijo.    

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Trabajo femenino

Priscilla recordó sus inicios en el rubro portuario, etapa en que su familia y compañeros fueron importantes. Asimismo, explicó que con el tiempo se debería integrar a más jóvenes y mujeres.  

“Todo lo que aprendí del puerto fue gracias a mis compañeros, pero también por las enseñanzas de mi padre. Yo antes me dedicaba a otra cosa y nunca pensé que cambiaría los zapatos por botas de seguridad, pero al final del día te das cuenta que vale la pena”, sostuvo.  

La trabajadora concluyó que “en este tipo de labores muchas veces se necesita la fuerza joven. La idea es que se atrevan, el trabajo en el puerto es muy bonito y nunca se deja de aprender. Uno siempre se encuentra con dificultades y eso mismo te ayuda a solucionar problemas, te hace crecer”. 

Respecto a la presencia femenina en el puerto, afirmó que “se deberían integrar a más mujeres. No hay que tener miedo, ni tampoco tener miedo de trabajar con hombres. Uno es dueño de su destino”.

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