Hace 17 años que el sanantonino Javier Saavedra (64) se dedica a amarrar naves de todo tipo en el puerto de San Antonio, trabajo que asegura ser “duro” para el normal de las personas, pero que entrega grandes satisfacciones y estabilidad a medida que se aprende la particular disciplina.

En ese sentido, Saavedra aclaró que se necesitan “las ganas de trabajar y la documentación correspondiente que entrega la Armada de Chile. Nosotros tenemos un contrato con STI, DP World, Puerto Panul y el Sitio 9, que ahora pasó a QC Policarpo Toro. Somos una cuadrilla de seis amarradores oficiales y reconocidos por la Armada. Somos Varnosac prestadora de servicios”. 

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-¿Cómo es el trabajo diario de un amarrador en el puerto de San Antonio?

-Acá suena el teléfono y tenemos que partir a los procedimientos. Estamos encargados de amarrar las naves en recalada y soltarlas en zarpe, y uno de los elementos que usamos son las espías o cuerdas. Esto es clave hacerlo con todas las precauciones porque se pueden cortar y provocar un accidente, especialmente cuando hay marejadas. Además, dichas herramientas tienen un peso dependiendo de la eslora de la nave con la que estamos trabajando.

-¿Cómo son los turnos de un amarrador?

-Nosotros seguimos la planificación naviera que se hace todos los días. También los terminales tienen que avisarnos con tiempo, de esta forma nosotros llamamos al personal que corresponda para poder concretar las tareas solicitadas. Trabajamos de lunes a lunes prácticamente, siempre tenemos que estar atento a la llamada. Nuestra gran ayuda son las lanchas de prácticos y remolcadores. Las lanchas de práctico nos pasan las espías para el muelle. Por radio el práctico nos va dando instrucciones. 

-¿Cuánto demora amarrar una nave?

-Unos 30 o 40 minutos y luego de eso esperamos la siguiente instrucción según lo planificado. Dependiendo de la nave usamos más o menos personas. También amarramos cruceros. Cuando la nave se va, ahí tenemos que estar nosotros para sacarla, pero en ese proceso, que es más rápido, nos podemos demorar incluso cinco minutos. Nos movemos por todos los terminales en el puerto de San Antonio.

-¿Qué es lo más desafiante de ser amarrador?

-Lo primero es no fallar en la pega, prestar un buen servicio, tener a la gente preparada, contar con el autocuidado por los posibles cortes de espías, por la marejada, etc. Cada día es un desafío para nosotros. Nuestro lema es la seguridad en todo momento y para eso nos comunicamos bien con el equipo, con los prácticos y remolcadores. La nave siempre tiene que quedar firme al terminal.

-¿Cuál fue su motivación para ingresar a este trabajo? 

-Hace muchos años partí como pescador, pero al tiempo tomé otro camino por calidad de vida. Ser amarrador me dio estabilidad en el puerto, lo vi como una oportunidad, esa oportunidad la tomé y me encanté con esto. Luego formamos esta empresa Varnosac.

-¿Qué se necesita para ser amarrador?

-Te tiene que gustar. Hay que tener “cuero de chancho” por los horarios, y se pide la documentación que entrega la Armada de Chile. Luego se va aprendiendo en el camino. Los más antiguos le enseñan a los más nuevos. Primero a la persona la llevamos a que miré lo que hacemos y luego la vamos metiendo en las operaciones diarias. La idea es que aprenda, y para eso tenemos un equipo muy profesional. Todos disponibles para la maniobra que sea.

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