Legisladora PS por la región de Valparaíso plantea que por más hectáreas que se planten, «si no reducimos nuestras emisiones, no cumpliremos con los compromisos internacionales».

Últimamente, varios medios de comunicación han publicado opiniones que cuestionan, o al menos intentan hacer difusas, las diferencias empíricas entre plantaciones forestales y bosques nativos.

Los bosques nativos y las plantaciones son ecosistemas distintos, es decir como un sistema que tiene entradas y salidas. En los ecosistemas entra y sale energía y materia. Las plantas, para vivir, hacen un proceso llamado fotosíntesis, en que capturan un gas llamado dióxido de carbono (CO2), uno de los principales causantes del calentamiento global.

Es por esto que la plantación de árboles ha sido vista como una forma de detener el calentamiento global. Sin embargo, para saber cuánto carbono logran absorber los árboles, hay que descontar la materia y energía que sale de los ecosistemas en los cuales están insertos los árboles.

En el caso de plantaciones forestales, éstas logran absorber CO2 de la atmósfera siempre y cuando la cantidad que entre al sistema sea menor de la que sale. En el caso de las plantaciones forestales, se utilizan herbicidas, maquinaria y fertilizantes, lo que implica emisiones de CO2 y gases de efecto invernadero en el proceso de producción. Esto significa que para producir 1 m3 de chip de eucaliptus, se generan 16 kg de CO2. Entonces, para saber si es que «estamos ahorrando carbono» es necesario descontar todo lo que se utiliza en la producción de celulosa y madera.

Por lo tanto, por más hectáreas que se planten, si no reducimos nuestras emisiones, no cumpliremos con los compromisos internacionales. En otras palabras, por más grande que sea «la billetera», si no ahorramos, no estaremos cumpliendo con nuestros compromisos internacionales.

La prestigiosa revista de ciencias, Nature, sostiene que restaurar bosques nativos es 42 veces más efectivo, sólo en términos de capturar CO2 de la atmósfera, en comparación con plantaciones forestales. Esta cifra por sí sola inclina la balanza a favor de preferir bosques nativos y no plantaciones con fines comerciales. Esto, sin considerar que los bosques nativos tienen, además, mayor biodiversidad y que esta condición también permite enfrentar de mejor forma el cambio climático.

Adicionalmente, los bosques nativos, al estar adaptados a las condiciones secas del verano, son capaces de proveer agua de manera más estable durante el período estival a través de la regulación del ciclo del agua, que es cuando las zonas rurales más lo necesitan.

Hemos visto en Osorno el desastre económico que ha causado la ausencia de agua. Adicionalmente, la evidencia científica indica que los incendios forestales en Chile han ocurrido preferentemente en plantaciones forestales.

Con el cambio climático, se estima que las precipitaciones se reduzcan y las temperaturas aumenten, por lo que el riesgo de incendios también será mayor. Entonces, debemos debatir con argumentos científicos sobre si es razonable asignar fondos públicos a las plantaciones forestales.

El crecimiento económico del país es importante, pero necesitamos un desarrollo sostenible, que busque el equilibrio con la equidad social y la sustentabilidad ambiental. Por lo tanto, si los recursos del Estado son escasos, es fundamental que desarrollemos nuestras políticas basadas en evidencia científica, para poder contribuir efectivamente a detener el avance del cambio climático.

Por todo ello que es fundamental aprobar la creación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, que propenderá a privilegiar los bosques nativos, y no la plantación de pinos y eucaliptus, especialmente cuando estamos ad portas de la COP25.

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