Las 28 termoeléctricas a carbón –40% de la generación eléctrica chilena- se concentran en cinco comunas del país, generando graves impactos sobre la salud de la población y el ambiente en Tocopilla y Mejillones en la Región de Antofagasta; Huasco en Atacama; Puchuncaví y Quintero en Valparaíso; y Coronel en la Región del Bio Bio. En estas comunas se superan las normas de calidad del aire y cuatro de ellas han sido declaradas latentes o saturadas de contaminantes atmosféricos y sometidas a Planes de Prevención y Descontaminación, de lenta implementación.

Al visitar América Latina, hace más de 200 años atrás, el explorador y naturalista Alexander Von Humboldt comprendió que las transformaciones que estaban desencadenándose en las entonces colonias de América tendrían consecuencias para las futuras generaciones.

Cerca de doscientos años después, en 1968, un grupo de científicos en el Michigan Institute of Technology, basándose en los primeros modelos numéricos advirtieron que si seguíamos usando los recursos como se estaba haciendo, éstos se acabarían hacia el 2100. El primer reporte del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, 30 años después, nuevamente nos advirtió del efecto de las emisiones de gases invernadero sobre el clima y funcionamiento planetario. El informe de la misma organización de más de 3.000 científicos concluye, 21 años después del anterior, que si la temperatura de la tierra sobrepasa los 1.5°C las consecuencias serán catastróficas.

Es común creer que el cambio climático es algo del futuro: algo que llegará como un cataclismo impactando a todos por igual. Sin embargo, el cambio climático ya está aquí y está afectando a los más pobres hoy. Los aluviones en el norte, los gigantescos incendios el 2017 en el sur, las marejadas y heladas el año pasado, así como el tornado en Los Ángeles y las trombas marinas en Ñuble y Concepción, no son algo del futuro, son reales y presentes.

 

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